La taza


El sueño de todo geek

–¿Vas a cagar ahí?–Me preguntó Raúl, mi mejor amigo desde mi época universitaria.
–Sí, ¿Qué tiene? –Atiné a responderle.
–Nada, es que yo no puedo hacer del baño en cualquier parte.
–¿Entonces yo porqué sí?
–Tú porque eres un “animal de granja”. Esa última frase por parte de Raúl creo que resume bastante bien, aunque de manera muy burda mis pocas exigencias acerca de donde asentar mis posaderas a la hora de ir al baño. Vamos, no es un tema que me cause mucho problema, pues he tenido a bien hacerlo en lugares bastante asquerosos, aunque hasta yo tengo mis límites.
Si usted amable lector no entiende el sentido de esta introducción más escatológica que la última película de los hermanos Wayans, espere un momento, puesto que la intención de este texto es analizar y un tanto homenajear a un objeto despreciado para muchos, pero indispensable para todos: El retrete, inodoro o taza del baño, como gusten llamarle.

Tengo la fortuna de haber heredado la rapidez intestinal de mi padre. Hay quien dice que parecemos pájaros, porque cagamos a cada rato y en cualquier lugar. No tenemos reparo en hacer nuestras necesidades en el baño que sea, a diferencia de mis hermanas y mi madre, quienes si no es en el baño de su casa simplemente el asunto no es exitoso.

¿Por qué? ¿Qué magia puede contener un objeto de cerámica encerrado entre 4 paredes? ¿Será acaso que hay personas que se habitúan a la forma, tamaño, temperatura y hasta al contenido de su retrete? Es algo que mi entendimiento no alcanza a comprender. Y los miedos que puede llegar a producir; p. ej., hay quien asevera que el mayor miedo de la humanidad es el tapar el retrete en casa ajena y que el agua se empiece a desparramar; y pensándolo bien sí debe ser aterrador, el Beibi Yisus me libre de que alguna vez me pase.

Y ya que estamos hablando de los baños ajenos hay afrentas “retreteriles” que no se deben cometer en baño ajeno, como lo es dejar “pecosa” una taza. Habla muy mal de uno y de la salud de nuestro intestino.

En mi vida me he encontrado desde los baños más refinados y aseados, hasta la penosa necesidad de tener que hacerlo “de aguilita” cuando íbamos a acampar al rancho de mi abuelo, letrinas, baños más sucios que político panista (¡Hola Ferrari1!) y otros por demás improvisados. En la mayoría de estos no he enfrentado problema alguno, todo sale como entró, bastante fácil.

Y vaya que me he encontrado en situaciones bastante incómodas. Como la vez que en plena fiesta, el único “retrete” disponible a la redonda estaba entre 4 láminas mal paradas en donde con una mano tenía que estar deteniendo la puerta para que no se cayera, la experiencia fue bastante vergonzosa.

En mi casa tenemos 2 inodoros más otros 2 en el gimnasio, y uno que desafortunadamente falleció en cumplimiento de su deber, la causa de muerte fue el trajín y los hábitos intestinales de sus usuarios cuya dieta basada en picante y chiles fueron demasiado para sus conductos y terminó colgando los tenis una mañana, obviamente se le encontró sustituto, quien ha realizado su labor decorosamente.

Pero ¿Cómo clasificar los tipos de retretes?, creo que Aristóteles no tuvo tantos problemas para clasificar a los seres vivos, pero algo práctico y fácil sería por ubicación:

Baños de escuela. Donde más he sufrido es con los baños de la universidad, que el 95% de las veces estaban asquerosos, y los de la prepa ni se digan. Además de incómodos, como soy un poco más alto que el promedio chaparrezco de la raza mexicana, normalmente mis rodillas chocan contra la puerta lo que hace más incomodo el asunto. Aunque ha habido sus excepciones como los baños del Cele de la BUAP que siempre estaba limpios y eran bastante cómodos. En este caso la taza normalmente es la común, aunque en la universidad, había uno al que le tenías que estar deteniendo el asiento, admítanlo, hacer en el asiento que viene pegado a la tapa es tan incómodo y difícil como intentar agarrarte un huevo por detrás (Pausa para que intenten agarrarse un huevo por detrás)

Baños de terminal de autobús. La mayoría son de paga, en esos quisiera decir que no hay pedo, pero creo que se confundirían, bueno, no hay problema, son bastante aseaditos y espaciosos los lugares. Pero hay otros como los de las terminales de mi rancho en donde normalmente puedes ver ciertas notas en las paredes de los baños de los hombres en los que aparecen nombres y teléfonos de hombres pidiendo… mmm… ¿Cómo podría decirlo? Que alguien les presente a la “cara de haba”; como sea, yo siempre creí que estos mensajes eran una broma de algún güey que quería que llamaran a su cuate pero no, mi primo que trabaja en la TAPO en el DF me dijo que son reales. Ese día perdí un poco de mi inocencia.

Baños de gasolinera. Son de lo peor que puede uno puede encontrarse, normalmente apestan horrible y creo que defecar en medio de un basurero podría ser mas higiénico y seguro, las tazas normalmente tienen más sarro que la boca de Alejandra Guzmán, la cadena normalmente no sirve y tienes que acarrear agua con una cubeta.

Baño de la casa de tu novia. Muchas veces más limpio que el propio, el único problema es que no puedes echarte un pedo “tronadito” porque posiblemente resuene en el momento en que todos dejaron de hablar para darle paso al sonido emanado de tus nalgas, el excusado viene siendo el normal, no hay más problemas.

Baño de antro. Al contrario de la leyenda popular, jamás me he encontrado a nadie cogiendo dentro de un habitáculo o como se llamen. Se caracterizan por la tendencia a decaer en su pulcritud conforme pasa la noche y van desfilando borrachos por su boca de porcelana. Muchas veces más de uno le demuestra su cariño abrazando los excusados en medio de su dormitación.

Baño de bar de mala muerte. Normalmente la caja está rota y la taza no está bien fija al piso y tienes que estar agarrando la puerta con una mano en franca posición malabaresca para poder cagar tranquilo. Como la caja está rota normalmente le vas agregando ingredientes a la sopa que hierve en el interior.

Baño de pelódromo. Las dos veces que los visité estaba tan pedo que ni me acuerdo como son.

Baño de autobús. Siempre tiene un olor peculiar medio desagradable y normalmente es bastante incómodo. Aquí si no se si llamarle taza o qué pero la verdad es que eso de hacer tus necesidades casi parado no es bonito.

Baño de avión. No los conozco, nunca me he subido a uno. Pero sé que mis estimados lectores llenarán este vacío.

Baño de estadio. Normalmente son visitados al medio tiempo del partido por todos los aficionados, por lo que siempre están hasta el pito, ok no… siempre están llenos y por ende los olores que llega a desprender son bastante desagradables, no es recomendable ni higiénico defecar ahí, puedes salir hasta con una infección, aclaro, no es que me haya pasado pero supongo. Igual las tazas pueden estar bastante descuidaditas.

Agradezcan las comodidades de hoy

Como verán esta abnegado aparatito, instrumento, artefacto, mueble o como le llamen es más que indispensable en nuestra vida cotidiana y hoy en muchas partes es motivo de admiración, como por ejemplo en España que hasta exposiciones en su honor hacen.

Y mientras algunos se preocupan por estupideces como celebrar el bicentenario de la independencia (que además de inexacto no tenemos realmente qué celebrar), otros como Jack Sim, presidente de la Toilet Organization, buscan que se instaure un Día Mundial del Inodoro, y aunque podrá parecer una propuesta idiota, de fondo tiene buenos argumentos. Pero si no podemos celebrar un Día Mundial del Inodoro, reconozcamos la abnegada labor con la que tienen que solventar a diario este indispensable mueble de baño.

Acerca de naufig

Blogger y músico de tiempo completo, egolatra de profesión
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10 respuestas a La taza

  1. Manguito dijo:

    Awwn se me olvido que escribì en el otro comentario, buuueh sólo dirè que quiero acampar y no importa que el baño sea un enorme campo lleno de bichos y cosas raras. He dicho.

  2. vertebreaker dijo:

    Excelente post, Naufig, kilométrico pero sostenido, no le bajas al interés y cubres todas las bases.

    Yo puedo zurrar donde sea, pero nunca en casa de la novia. Sí es cierto que uno teme taparlo. Fuera de eso hasta en un terreno baldío a media noche se vale, mientras no te cachen. Y el baño de un avión es casi como el del camión, pero de alguna manera más antiséptico y con un olor a químicos de hospital chafa. No te pierdes de nada, a excepción de que gustes meterte con la chica a ponerle ahí, que dicen que es algo que tienes que hacer alguna vez en la vida.

  3. ferrari1 dijo:

    wey perdon me tarde en responder

    pue ste falto la letrina ese bano con caja de madera y piso de madera

    yo agradesco a dios averme dado extension, no me siento en cualquier bano y pues un detalle creo q todos tenemos q leer algo cuando nos sentamos en los banos.o minimo contar los mozaicos

  4. Chale, yo para esto sí tengo problemas. Me cuesta muchísimo trabajo “jugar de visitante”, extraño la familiaridad de mi propio WC.

    Por regla general, echar la piedra es lo primero que hago en la santidad de mi hogar, o mi cuarto de hotel, o la habitación de la casa de la persona de confianza donde me estoy quedando. Esta disciplina intestinal me evita hacer escalas técnicas en baños de otros sitios. Echar una firmita, no hay tos. Pero sentarme a reflexionar, jamás. Simplemente me gana el asco.

    Y sí, los que rebasamos el 1.80 de estatura frecuentemente encontramos que los baños de muchos sitios están diseñados con el chaparro en mente. No se diga en los aviones. Resultaría más fácil echar el keik metido en una cámara de llanta.

  5. el jara dijo:

    muy buen post…

    yo tampoco puedo hacer en cualquier baño. Nada como el propio, ya lo dijo Toño.
    No sé si es la pena, el asquito o qué, pero salvo en casos extremos sólo el de la oficina sirve y eso de volada. Y creo que por eso no me gusta.
    Ya bastante prisa hay en la vida, como también ir al baño en chinga. En el baño propio, si los demás habitantes de la casa lo permiten, uno se puede tardar lo que deseé. En los ajenos, No.

    El baño de avión, como dijo vertebreaker, es como el de camión. Aunque el mayor inconveniente del de avión son las malditas turbulencias, que ni a madrazos se comparan con una carretera mal pavimentada. Puedes ir en el vuelo más tranquilo, pero en el momento que vas al baño, ya sea a defecar o a mear, en ese momento empiezan las turbulencias y el baño queda más decorado que pintura de Pollock.

    Pero ir al baño es un gran ritual y más cuando se comparte con la lectura… de ahí el post en mi blog titulado DE CUANDO EL TRONO SE VOLVIO BIBLIOTECA…
    http://arturojara.blogspot.com/2009/06/el-bano-o-de-cuando-el-trono-se-volvio.html

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